sábado, 19 de marzo de 2011

Quién

...decide lo que está bien o no? Si carezco de criterio, ¿es recomendable tirarse al abismo o permanecer del lado seguro del acantilado? ¿Dar el aventón sola o esperar a que alguien más lo haga? Y si al caer encuentro piedras en vez de solo calmo mar y me hago daño... habrá que averiguarlo, ¿no?

jueves, 24 de febrero de 2011

Me di cuenta que

escribo muchísimo mejor cuando lo hago de corazón, expresando lo que realmente siento.

Es por esa misma razón que mis escritos estarán (únicamente) en esa carpeta cuya ubicación nadie adivinaría, ahí, camuflándose entre los archivos de mi netbook.

No aquí. Creo que mis sentimientos no merecen estar al desnudo, expuestos. Valen más que eso.

Dos reflexiones:

1. Tu netbook murió y todo lo que escribiste se fue con ella. Amén.
2. Tus sentimientos no valen menos cuando los expones.

lunes, 21 de febrero de 2011

Antiguo

Advertencia: este wanna be poema carece de estilo literario. Si lo van a juzgar, que sea por lo que transmitía. 

Trémulo e incesante
cual espinazo en el corazón
clavado por aquel amante
que la hería sin razón.

Elegante y desvirtuoso
cual pétalo de flor marchita
parecía galante el buen mozo
como el que ella necesita (¿el que ella qué?).

Las apariencias engañan
como alguien alguna vez dijo
así como los amores te amarran
ese irse nunca quiso.

Mas decidió el cuento terminar
y así la flor marchita revivir
porque después de un triste y arduoso andar
le quedaba a ella un largo porvenir.

Callar siempre fue de sabios
ella siempre repetía
mientras sutilmente mordía sus labios
pensando en si fue broma o si realmente la quería.

viernes, 18 de febrero de 2011

Desilusión

Prólogo: Así realmente me sentía.

Recuerdo cuando me estaba preparando para ingresar a la universidad. Estuve 4 meses en una pre, adquiriendo conocimientos y dejando de lado mi vida social/sentimental, alimentando mis ojeras y sufriendo de espasmos nerviosos. Cuando ingresé sentí que todo había valido la pena y que nunca estaría más feliz en mi vida.

Hace unos días nos reunieron a todos los cachimbos para tomarnos una prueba de conocimientos "básicos" de literatura, lenguaje e historia. Yo sabía que iba a aprobar todo, no solo porque mi promedio ponderado en literatura era 19 (de igual forma en lenguaje) sino también porque "soy buena para las letras".

Me desperté a las 7:30 y el examen comenzaba 8:30. Llegué con 10 minutos de retraso, pero no importó. Cuando nos dieron la prueba me moría de sueño, bostezaba y me estiraba constantemente.

Empezamos con historia. Fui leyendo todas las preguntas y me encontré con que muchas de ellas las desconocía. Me pareció bastante difícil... Luego, comenzamos lengua y literatura, mis dos cursos "favoritos", y me fue del mismo modo que en historia.

Salí del salón con la cabeza gacha, pensando que no era tan buena como yo pensaba. Me bajaron de la nube de un empujón.

Los resultados los recibí hoy. Y me gustaría escribir con optimismo, algo como: "bueno, qué importa, puedo demostrarles que sí soy capaz" o escribir: "ya fue, solo es un examen y ni me preparé para ello"...

Pero no. Ahora estoy desilusionada de mí misma y de mis capacidades. (No hay nada más feo que darte cuenta que no eres como piensas que eres, y peor si alguien o algo más te lo hace notar).

lunes, 10 de enero de 2011

¡Qué alivio!

Por fin siento que puedo escribir de nuevo, mis suspiros se completan. Siento ese peso menos que no me dejaba estar tranquila. Me encanta tener todo esto bajo control. Necesitaba tener todo al mando, creo que eso era (empiezo a convencerme de que eso de ser un poco control freak no es de ahora). ¡Fin de la historia! Por fin acabó, y de la manera en que yo quería que acabe.

Por fin entiendo que así uno se esmere por olvidar, no lo hará hasta que ese clavo aparezca. Y si no aparece, hacerle caso al famoso dicho "no se olvida, se supera" que mucha razón hay en él.

Ahora sí puedo volver a lo mío, mis pensamientos ya no están subordinados a quien no los merece. Una sonrisa se apodera de mi rostro mientras pienso en lo bien que estoy ahora. Espero que me dure este bienestar, esta satisfacción,

y si vuelvo a la misma idiotez, al leer esta entrada, tengo fe en que caeré en la respuesta que yo misma encontré. (Felizmente no volviste).

Ahora sí, no es un chau ni un hasta luego, es un ¡Adiós! :) Volví mejor que nunca: sin cargos de conciencia, sin resentimientos, sin arrebatos, y sin impulsos.